
Cerrados los ojos descansan,
bajo el tullido ensombrecimiento de la noche
un sonido irrumpe el espacio onírico de mis condolencias
y la grieta de una vieja herida palpita
como manos la tinta trepa por mi garganta
y ensangrentada la asfixia con ternura
el aire suelta mis décadas
y los albores de mis reminiscencias
Tiernamente clava su aspídea sustancia en mis neuronas
y cual drogadicto yazco bajo su embrujo alucinante...
Las letras trepan por las paredes
formando palabras que no puedo comprender
algunas me confortan,
pero otras me llevan al terror más sórdido e inevitable
meciendome entre las más cálidas caricias
y las no tan bien ponderadas torturas
en el último aliento audible que puedo expresar
anuncio un compromiso,
un pacto tan endemoniado
que estremece mis más profundos temores
La mano manchada de tinta desaparece
dejando a su rastro una pluma blanca...
bajo mis ojos descansa las hojas amarillentas
de mi viejo cuaderno de pensamientos
y sin cabilar ni un instante
me dejé inundar por aquellas viejas sensaciones
donde las palabras se hilaban a travéz de mi
y no era yo el que hilaba las palabras.
bajo el tullido ensombrecimiento de la noche
un sonido irrumpe el espacio onírico de mis condolencias
y la grieta de una vieja herida palpita
como manos la tinta trepa por mi garganta
y ensangrentada la asfixia con ternura
el aire suelta mis décadas
y los albores de mis reminiscencias
Tiernamente clava su aspídea sustancia en mis neuronas
y cual drogadicto yazco bajo su embrujo alucinante...
Las letras trepan por las paredes
formando palabras que no puedo comprender
algunas me confortan,
pero otras me llevan al terror más sórdido e inevitable
meciendome entre las más cálidas caricias
y las no tan bien ponderadas torturas
en el último aliento audible que puedo expresar
anuncio un compromiso,
un pacto tan endemoniado
que estremece mis más profundos temores
La mano manchada de tinta desaparece
dejando a su rastro una pluma blanca...
bajo mis ojos descansa las hojas amarillentas
de mi viejo cuaderno de pensamientos
y sin cabilar ni un instante
me dejé inundar por aquellas viejas sensaciones
donde las palabras se hilaban a travéz de mi
y no era yo el que hilaba las palabras.

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